
La creencia general es que Ménem no servía, como así tampoco Alfonsín y De La Rúa. Hoy se dice que Kirchner no sirve; pero, quien quiera que venga después de Kirchner, tampoco servirá para nada.
Por eso estoy empezando a sospechar que el problema no está en lo ladrón y corrupto que haya sido Ménem, o en lo autocrático que es Kirchner.
El problema está en nosotros, nosotros como pueblo, nosotros como materia prima de un país.
Porque pertenecemos a un país donde la “viveza criolla” es moneda valorada tanto o más que el dólar.
Un país donde hacerse rico de la noche a la mañana es una virtud más apreciada que formar una familia a largo plazo, basada en valores morales y respeto por los demás.
Pertenecemos a un país donde, lamentablemente, los periódicos jamás podrán venderse como se venden en otros países; es decir, poniendo unas cajitas en las aceras donde uno paga por un solo periódico y saca un solo periódico, dejando los demás donde están.
Pertenecemos a un país donde los lugares de trabajo son, entre otras cosas, las papelerías particulares de sus empleados deshonestos que llevan a sus casas, como propias, hojas de papel, lapiceras, bolígrafos, lápices, marcadores y todo lo que pueda hacer falta para las tareas de sus hijos.
Pertenecemos a un país donde la gente se siente triunfante si consigue "colgarse" del cable del vecino, y donde la gente inventa a la hora de llenar sus declaraciones, para pagar menos impuestos, o directamente para no pagarlos.
Pertenecemos a un país donde la impuntualidad es un hábito, donde los directivos de las empresas no generan capital humano, donde las personas tiran basura en las calles y luego reclaman al gobierno porque las calles están sucias o se tapan las alcantarillas, donde no existe la cultura por la lectura y donde no hay conciencia ni memoria política, histórica o económica.
Donde nuestros congresistas trabajan dos días al año (y cobran todos los demás como altos ejecutivos) para aprobar una reforma fiscal al vapor, que lo único que hace es hundir al que no tiene, joder al que tiene poco y beneficiar sólo a unos pocos.
Pertenecemos a un país donde las licencias de conducir y los certificados médicos se pueden “comprar”, sin hacer ningún examen.
Un país donde puede subir una persona de edad avanzada, una mujer con un niño en brazos, o algún minusválido, y la persona que viene sentada en el asiento especial para estas personas se hace la dormida para no dárselo, y si alguien le reclama se levantará, pero para dar un golpe o decir una mala palabra.
Un país donde la prioridad de paso es para el automovilista y no para el peatón. Un país donde su gente está llena de faltas, a las que ignora, pero que disfruta criticando a sus gobernantes.
Mientras más le diga rata a Ménem, mejor soy yo como persona, pese a que apenas ayer me consiguieron todas las preguntas del examen de matemáticas de mañana.
Mientras más le diga autócrata a Kirchner, mejor soy yo como argentino, a pesar de que apenas esta mañana estafé a mi cliente a través de un fraude, lo que me ayudó a pagar algunas deudas.
No, No. Ya basta.
Como “Materia Prima” para un país serio tenemos muchas cosas buenas, pero nos falta muchísimo para ser los hombres y mujeres que nuestro país realmente necesita.
Esos defectos, esa alardeada “viveza criolla” congénita, esa deshonestidad en pequeña escala que después crece y evoluciona hasta convertirse en casos de escándalo, esa falta de calidad humana, más que Alfonsín, Menem, De La Rúa, o Kirchner, es lo que nos tiene real y francamente mal, porque estos no han sido ni más ni menos que nuestros presidentes, nacidos aquí y no en otra parte.
Lo siento. Porque aunque Kirchner renunciara hoy mismo, el próximo presidente que lo suceda tendrá que seguir trabajando con la misma materia prima defectuosa que, como pueblo, somos nosotros mismos. Y no podrá hacer nada.
No tengo ninguna garantía de que alguien lo pueda hacer mejor, pero mientras nadie señale un camino destinado a erradicar primero los vicios que tenemos como pueblo, nadie servirá.
No sirvieron Alfonsín, ni Duhalde, ni De La Rúa; no sirve Kirchner, ni servirá el que venga.
¿O qué?...
¿Es que necesitamos traer a un dictador, para que nos haga cumplir la ley por la fuerza y a los palos?
Aquí hace falta otra cosa, algo más que “cacerolazos” o “cuetazos”. Y mientras esa “otra cosa” no empiece a surgir desde abajo hacia arriba, o desde arriba hacia abajo, o del centro para los lados, o como quieran, seguiremos igualmente estancados... igualmente sumergidos!!!
Es muy bueno ser argentino. Pero cuando esa argentinidad autóctona empieza a hacerle daño a nuestras posibilidades de desarrollo como nación, ahí la cosa cambia...
No esperemos encenderle una velita a todos los santos, a ver si nos mandan un mesías. Nosotros tenemos que cambiar. Un presidente diferente, con los mismos argentinos, no podrá hacer nada.
Por lo que está muy claro... "somos nosotros los que tenemos que cambiar".
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