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La frialdad

La frialdad del médico puede comprenderse sin embargo no tiene porque ser así.

Primer día en la morgue de la Policía, íbamos a tener la clase practica de anatomía, y la mayoría de nosotros con una cara de niños recién salidos del colegio, los profesores por si las dudas nos recomendaron que si nos mareábamos o nos impresionábamos mejor saliéramos de la pequeña aula construida al lado del edificio policial. Todos con mandil y yo con la incertidumbre de ver un muerto por primera vez, sacaron el cadáver de un frigorífico enorme que entran dos camillas, y unos compañeros que repetían tuvieron que sacar al cadáver.

Ahí estaba frente mio, un cuerpo humano, tieso, frió, abandonado, sin vida, solo un conjunto de células muertas conservadas por el efecto del formol, en una especie de ficha que en realidad era un pápel común y corriente, con datos pero inconclusos, hombre de 45 años, no se sabe su nombre, encontrado en el parque la Carolina, fecha.

En la sala un silencio que no olvidare. Todos los lunes teníamos aquella clase, y al pasar el tiempo se convirtio en eso simplemente en una clase, veíamos las autopsias de personas que habían muerto en la mañana, hombres adultos, una mujer embarazada, una niña, bebes, y cada vez más nos enfocábamos no en el hecho de ver a un muerto sino de aprender la anatomía en vivo y en directo, volviéndome de alguna forma una persona indiferente que incluso, con unos compañeros le pusimos nombre a nuestro cadáver con el cual habíamos pasado estudiando mientras hacíamos las disecciones, de hecho ya no nos impresionábamos con facilidad, abríamos cada refrigerador para ver los cadáveres, hacíamos chiste, hasta salíamos de la practica y como teníamos unas horas libres antes de tener clases en la universidad decían, vamos a comer , vamos¡.

Sin embargo un sábado a las 7 AM nos llamaron a recuperar una clase que perdimos en el edificio policial, llegue unos 20 minutos antes, esperaba afuera del edificio en un frió, cuando veo a una madre con sus dos hijas ya grandes llorando afuera, recibían llamadas a cada rato y una de la chicas explicaba lo que les estaba pasando; su hermano estaba adentro de la morgue, la otra chica con la mirada perdida trataba de asimilar lo que estaba ocurriendo, cuando entraron las dos chicas tomadas de los brazos de su madre, ya habían llegado algunos compañeros y decidimos entrar, sin embargo no sabían ellos lo que había visto antes, recuerdo pasar por el pasillo abrir la puerta del anfiteatro cuando entre fue como ver por primera vez un cadáver un joven de unos 18 años, con heridas de arma blanca, acostado en una de las camas de autopsias , pensé en sus hermanas y su madre, aquel dolor tan grande que estaban sintiendo al otro lado de la pared llenando formularios. Y en si la muerte hace daño a los que quedan vivos, los deja con incertidumbre, con miedo, con impotencia.

Desde entonces cada vez que iba a esas practicas recordaba que detrás de un cadáver hay una familia, o gente que tuvo un cariño cuando estaba en vida y que hay que respetar no solo a la muerte sino al dolor que provoca en la vida de quienes deja.

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