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Una mano amiga.


En la educación médica tenemos muchas clases de materias para comprender el funcionamiento, el daño, la prevención, la medicación y un sin números de cosas mas que ayudan al personal de salud ha tener las herramientas para mantener la salud de las personas.

Pero hay cosas que simplemente nacen con la vocación, y es por esto que comparto una breve historia de un turno de los tantos en el Hospital Patronato San José al sur de la ciudad de Quito.

Me encontraba con una compañera en aquel turno, en la sala de labor de parto una señora de unos 23 años(Cristina) su primer embarazo, con dolores, contracciones, etc. Con mi compañera fuimos a revisar su historia clínica, tomamos signos vitales entre otros procedimientos, cuando me acerque para presentarme y preguntarle si además de los dolores siente algo o si se encuentra nerviosa y no recuerdo que más le dije, mi compañera comenzó a darle algunos consejos para el parto, cuando yo me predisponía a darme la vuelta para irme fue cuando la señora me llamo y me dice tómeme la mano a lo que accedí con algunas palabras de alivio las cuales no fueron del impacto que quería, la señora me pidió como si fuese un ser tan cercano para ella que me quedará durante todo el parto lo cual fue así, a pesar de tener que hacer algunas cosas mi compañera me cubrió en todo mientras yo acompañe a Cristina desde la sala de labor de parto a la sala de parto y después a la de recuperación.

Sentí el apretón de su mano con cada contracción, sentí el alivio de su mano cuando nació su hijo, vi de cerca la felicidad de ella de haber cumplido como madre en ese momento, me di cuenta que las madres entran solas a un lugar hospitalario donde no conocen a nadie, es cuando hay que entrar en razón y recordar que son personas mas no simples pacientes, que quizá mi forma de hablarle al principio fue la causa de entablar aquel lazo de confianza, y no hice mayor cosa de lo que me habían enseñado en las aulas de clases sino lo único que hice fue darle mi mano durante todo el proceso, cuando ya me despedía Cristina me agradeció tanto por acompañarla en su cansancio sonrió y sentí la satisfacción de haber cumplido con algo.

Independiente de una profesión o de esta historia a quienes hemos dado la mano en circunstancias difíciles, o quienes nos han dado su mano cuando lo hemos necesitado, un abrazo a todos que este año sea hermoso en nuestras vidas. Comencemos a dar la mano a quien creamos que lo necesite.

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